Piedras dentro de la Piedra / Nota para Diario La Bastilla 29 Aniversario de la Guerra de Malvinas

El pasado 24 de Marzo se conmemoraron 35 años del Golpe Cìvico-Militar que, como parte de la instrumentación del Plan Cóndor, se llevó la vida de los 30.000 mejores hombres y mujeres que tuvo este país: los que se atrevieron a soñar un destino distinto para Latinoamérica y se imaginaron los medios para hacer de esa utopía, una realidad: una revolución.

En eso se parecen las revoluciones y el teatro: se valen de la imaginación y en el pensamiento crítico – ese pensamiento que no obra al servicio de una realidad existente sino que busca desencriptar sus secretos – para interrogar nuestro Tiempo Presente, iluminar el pasado, y proponer una imagen de futuro. El cuerpo de sus hacedores, su entrega sin reservas, hace el resto.

El año pasado estrené, El Cerco de Agua, obra  inspirada en algunos textos  de Rodolfo Walsh, y que interroga, a través de un Universo Imaginario y ficcional, aquel país que se desangró a través de sus cuerpos más valiosos. Actualmente me encuentro trabajando en un proceso de creación colectiva, junto a un maravilloso elenco de actores – Alejandra Carpineti, Fernando Sala, Sebastián Romero, Hernán Lewkowicz, Pablo Correa y Laura Lértora, y la asistencia de Natalia Slovediansky – en mi segunda obra como directora, que estrenaremos  el próximo año.

La obra se llama Piedras dentro de la Piedra, y está inspirada, esta vez, en la novela Los Pichiciegos, de Fogwill, aquella inquietante pieza literaria sobre la vida de un grupo de conscriptos desertores del ejército de Malvinas que se esconden bajo tierra  invernal del fondo del mundo – la pichicera –y allí quedan, esperando que finalice la contienda, para salir a la luz.

Allí quedan. Esperando. Sobreviviendo.

Allí quedan,  sabiendo que si la guerra no termina pronto, cuando llegue la primavera saldrá el sol, el sol derretirá  la nieve que rodea a la pichicera, el escondite se derrumbará, un alud acabará con sus vidas, y entonces, sus cuerpos muertos terminarán convertidos en rocas perdidas y olvidadas en las entrañas de nuestra Tierra.

Fósiles del mundo futuro. y la escritura, una forma de Trincheras.

Como todo escritor que se lanza a la aventura de cifrar en una ficción su propio imaginario,  al escribir, busco las continuidades y rupturas entre mis obras. Cuando elegí el material para encarar este proyecto – el de los pichis – me pregunté por qué volví a elegir un tema vinculado a la última dictadura militar: la guerra de Malvinas, que es el  último acto genocida del período 76-83.

Me respondí que simplemente, hasta que no aparezca el último cuerpo desaparecido, hasta que no esté juzgado y condenado el último genocida, hasta que no devuelvan al último Hijo, no puedo hablar de otra cosa cuando me enfrento, desnuda el alma, al abismo de la hoja en blanco.

Y en ese movimiento de interrogarse a uno mismo que es la escritura teatral, encontré mi propia clave de lectura de la época: si aquello que comenzó a tomar cuerpo con el Cordobazo  y cristalizó con toda su fuerza en la lucha armada de la organizaciones guerrilleras puede definirse como el gran movimiento Parricida que ha dado la cultura política argentina (matar a los padres de la Nación – la Oligarquía, el Capital Privado -para fundar una nación nueva sobre los pilares del pensamiento y la praxis marxista), la Guerra de Malvinas cierra el ciclo, revelándose como el  Gran Acto Filicida de la trágica patria nuestra: el de un país entero enviando a sus hijos  a los confines del mundo – El Teatro de Operaciones de las Islas del Atlántico Sur –  a defender una Nación descuajeringada, y con fusiles que no andaban.

Parricidio y Filicidio se funden en las Islas Malvinas .

Desde el teatro que yo escribo y dirijo y junto con mis queridos actores que son los verdaderos cuerpos del proyecto, rendimos homenaje a nuestros soldaditos de carne y hueso – La clase 62 y 63 –  que han dejado su vida en Malvinas, cuando fueron enviados por la sociedad argentina a la que pertenecemos, a legitimar un gobierno militar herrumbrado, y que al perder la guerra, o la vida, habilitaron el derrumbe de los años de plomo argentinos.

Recordamos a los conscriptos caídos en el campo de batalla, y a los soldados vencidos, a aquellos que trajeron de vuelta, ocultos en la oscuridad de la noche descalza y desamparados bajo el velo imberbe y pasado de copas del oscurantismo militar; es decir, a aquellos conscriptos que regresaron desnutridos, los huesos corroídos por el  descuido planificado  y el frío,  los ojos saltones, la barba para siempre crecida,  sin brazos, el pie izquierdo gangrenado y el dolor de la patria derrotada en carne viva.

Como decía Michel De Certeau: “Tomar la palabra es como Tomar la Bastilla”. Y escribir, y hacer teatro, es el acto inenarrable de tomar la palabra. Ampliar el campo de lo decible. Expandir el campo de lo representable.

Y elegimos, todos los que hacemos Piedras dentro de la Piedra, tomar la palabra, valernos de ella, para no olvidar que nuestro presente está hecho de ausencias y voces ahogadas en el fondo del río, congeladas en el fondo del mar, pero que no podrán silenciarse jamás mientras otras gargantas las hagan renacer, gritar, aullar.

Nota Para DIARIO LA BASTILLA- Abril 2011
http://www.diariolabastilla.com.ar



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