Entrevista a Mariana Mazover en Radio La Tribu: programa especial 30 aniversario de la Guerra de Malvinas.

Extracto de la entrevista realizada por Lucas Ribaudo, periodista de Cabeza en la tribu, de Radio La Tribu, el 2 de abril de 1012, en el programa especial dedicado a Malvinas.

Lucas Ribaudo (conductor del programa):  Hoy 2 de abril estamos muy contentos de contar con la presencia de Mariana Mazover. Ella es dramaturga, es directora de teatro, tiene un largo camino en el teatro independiente de la Argentina, y antes de empezar a charlar de todo tu trabajo y de esta última obra que estás haciendo con un muy interesante grupo de actores independientes, que se llama Piedras dentro de la piedra, me gustaría que me cuentes cómo te pega, cómo sentís el 2 de abril.

M.M.: Muy conmovida. Desde hace un año estoy trabajando muy fuerte en la obra, asi que estoy muy contactada con todo el material desde hace mucho tiempo. Es una fecha particular porque nos invita a la reflexión y desde el lugar de artistas nos permite, con el trabajo que estamos haciendo, surcarnos un espacio para hacer ingresar estas voces, que son las voces de los conscriptos, de los ex combatientes, y poder expresar nuestras sensaciones,  nuestro punto de vista y nuestras preguntas en torno a este episodio terrible de nuestra historia. Volver a preguntarnos por ese pasado y sobre todo por el presente, cómo las heridas y las consecuencias de la dictadura y de la guerra de Malvinas siguen operando en nuestro presente.  Y en ese sentido estamos -tanto yo como todo el elenco- muy conmovidos y muy agradecidos por la posibilidad que nos da el teatro de expresarnos y de medios como ustedes que se hacen eco de nuestro trabajo y nos permiten seguir profundizando la reflexión. El teatro -como la radio- nos da la posibilidad de tender un puente con los otros para reflexionar.
Estoy muy conmovida y muy dolida porque cuando uno sigue profundizando sobre testimonios e imágenes de la guerra es dolorosísimo y uno siente que de todas maneras el teatro no alcanza.  Pero de todas maneras es el espacio que yo pude gestarme para empezar a abordar el lugar que a mí me interesa ocupar como escritora dentro de la sociedad.  A mí y a todos los actores, cuando hablo de mí hablo de todos los actores, somos un equipo enorme que estamos trabajando muchísimo hace mucho tiempo para concretar este proyecto y es una emoción y un dolor muy grande pensar sobre todo que las heridas no están cerradas porque hay identidades que no han sido restituidas, porque hay ex combatientes que siguen peleando por sus derechos y que la sociedad le sigue dando la espalda.

L.R.: Sos una comunicadora social, estudiaste comunicación social, estás ligada al análisis también crítico de los medios de comunicación y somos una generación a la que no le tocó vivir la guerra con raciocinio -teníamos 3 años- pero sí tenemos una imagen difusa de la sociedad para con ex combatientes; nos llegaba de costado la imagen -a muchos, los que no tuvimos familiares cercanos a la guerra- del ex combatiente que pedía monedas en la calle, que pedía en los colectivos; tenemos una mirada de muchos ex combatientes suicidados por no encontrar en ningún lado contención social y tenemos una mirada alejada tal vez a lo que significó para muchos la guerra.  ¿Cómo fue esa construcción de encontrar este tema desde la dramaturgia? ¿

M.M.: E proyecto surgió a partir de las ganas que yo tenía hace mucho tiempo de trabajar con Los Pichiciegos de Fogwill, que es una novela maravillosa, impresionante, central de la literatura argentina. A partir de esa idea inicial convoqué a un elenco de seis actores para iniciar un proceso de creación colectiva.  Los Pichiciegos narra la vida de una comunidad de desertores de la guerra que incitados por los líderes de sus tropas abandonan el campo de batalla y se atrincheran a esperar. Y allí se inicia una segunda guerra que es la lucha por la supervivencia y se empieza en ese contexto a expresar lo más grandioso y lo más miserable del ser humano, pero sobretodo promovido por el contexto de la guerra.
A partir de ese material empezamos a interrogarlo y a recortar zonas con las que nos interesaba trabajar. Fue empezar a tratar de imaginarnos a nosotros mismos cómo hubiese sido estar ahí.  Uno cuando aborda la creación de un personaje o la creación de un texto, en mi caso como dramaturga, el desafío que busca es tratar de siempre ponerse en la piel de esos personajes.  Y uno sabe cómo es ser amigo, cómo es ser estudiante, sabe cómo es ir a una manifestación, sabe un montón de cosas.  Pero no sabe cómo es estar adentro de una guerra, ni tener la muerte, el registro de la muerte propia, la del compañero, la del enemigo, tener que matar, tener que arriesgar su vida.  Fue un proceso muy interesante porque nos dolía mucho al principio y nos conectaba con zonas muy dolorosas de nuestra historia, de nuestra subjetividad, y con el tiempo pudimos ir encontrando también y empezar a preguntarnos cómo es esa situación cotidiana. Después de tres meses de estar abajo, en una cueva bajo tierra, cómo se empieza a correr el registro.  Y empezaron a aparecer situaciones que son fruto del absurdo enorme, de mucho humor y colores distintos y nos permitió entrar por un lugar más lúdico.

Los Pichiciegos es una novela maravillosa.  Fogwill la escribe en 1982.  No había terminado la guerra.  Y él cuenta en el prólogo de Los Pichiciegos que un día llega a la casa y la madre lo recibe al grito de “¡Hundimos un barco!”.  Y él cuenta que sube a su covachita y escribe “Hoy mamá hundió un barco”.  Y a partir de eso escribe vorazmente en siete días una novela que es maravillosa.  Y el movimiento fundacional de él, el desmontaje de esa estrategia fascista del lenguaje, que nos instala a todos en esa escena nacional y convoca a los cuerpos de esos soldados a morir en nombre de esa patria que desconocemos, que no nos contiene… En ese sentido creo que es maravilloso el movimiento de él como escritor, que produce esa verdad sobre la guerra cuando todavía toda la sociedad estaba bajo la retórica del “Vamos ganando”.  Y ya su imaginación de escritor puede producir una verdad mucho más potente y mucho más cercana a lo que fue la Guerra de Malvinas: los pibes sin comer, los pibes desabrigados, los pibes no teniendo idea cómo hacer la guerra, con las armas que no funcionaban. Un delirio, no tenían idea qué estaban haciendo ahí.
Y refleja un poco el absurdo de lo que fue la guerra, el gobierno militar que condujo a la guerra y la sociedad civil, que la sostuvo.  Yo creo que no hay posibilidad de que se sostenga una guerra, que no hay posibilidad de que se sostenga una dictadura, si no hay una sociedad civil que acompaña cómplice y ciega esos movimientos y que después le da la espalda.  Le da la espalda a las luchas por la aparición de cuerpos de los desaparecidos, a los reclamos por la aparición de los hijos, le da la espalda a los ex combatientes.

En el trabajo estuvimos muy conectados con eso y por otro lado con una cosa muy lúdica: jugar a estar ahí.  Asi que tuvo mucho de todo y cada instancia del trabajo fue distinta.  Yo he leído Los Pichiciegos unas veinte veces en el último año, y siempre digo “qué genial que es la novela que cada vez que la leía, cada vez me parecía más genial, y más profunda, y más honda y con una enorme potencia metafórica para revelar no sólo el absurdo de  la guerra sino también el absurdo del ser humano.  Lo absurdos que somos cuando sostenemos, socialmente, situaciones como la guerra, como tantas situaciones más allá de la guerra que son parte de nuestro cotidiano y que les damos la espalda, no?  ¿Por qué nadie se sigue preguntando por Kosteki y Santillán? Porque somos una sociedad cómplice.  Y estamos atravesados por eso en la escritura y en el trabajo: por preguntarnos qué pasa con esos cuerpos populares que se mandan a matar .

L.R: Contabas una historia recién que tenía que ver con ser sobrina de un ex combatiente.¿Cómo es la parte íntima que te toca de tener un pariente, un tío ex combatiente?

M.M.: Desde que empecé a trabajar con la obra me empezaron a venir recuerdos.  Yo tenía tres años cuando fue la guerra, asi que lo emocional, lo vivencial que tengo registrado es una situación de mucha preocupación familiar pero no tengo un registro racional.  Mi tío volvió de la guerra, clase ’63, los que tenían menos instrucción.  Volvió un poco lastimado pero no tuvo grandes heridas de guerra pero sí él ahora no vive en Argentina.  Tengo un registro más pleno, más racional de mi adolescencia, sobre todo por lo difícil que fue para él reinsertarse socialmente, poder trabajar. Esto que sucede con los ex combatientes, que por eso muchos se suicidan: esta imposibilidad de volver a tener una vida humana. Eso fue lo que yo pude ver más claramente en mi infancia y en mi adolescencia: las consecuencias de la guerra y de lo que el Estado no respondió como Estado.  ¿tienen que pasar treinta años de una guerra para que el Estado empiece a responder civilmente por sus hombres que manda a matar?  Entonces es duro y a su vez es lindo poder hacer algo.  El teatro no modifica grandes realidades.  Eso también es una verdad.  Pero por lo menos es un espacio en el que se nos permite hacernos eco de esas voces y volver a preguntarnos.  Decías vos hace un rato que para uno la imagen de un ex combatiente es la imagen del colectivo: el del bondi que se sube a pedir o que vende.  Y eso también lo hacemos nosotros: con nuestra ceguera, con nuestro darles la espalda, con nuestra indolencia, aceptar que es parte de nuestra vida urbana, y no debería ser así.  Entonces es muy doloroso y a la vez es muy gratificante poder surcarnos un espacio creativo para volver a preguntarnos por esas vidas y por lo humano que pone en juego la guerra, las miserias y las grandezas de todos.

L.R.: ¿Qué encontraste con las entrevistas que te están haciendo ahora de diferentes medios en la mirada de otros países sobre la guerra?  Tuviste oportunidad de que te entrevisten desde Brasil, desde Estados Unidos… ¿Cuáles son esas otras miradas de afuera sobre este hecho?

M.M.: La verdad es que me encontré, por lo menos con los periodistas de O Globo y de Univisión, con una mirada, primero muy profunda, muy informada y muy cercana a nuestro punto de vista.  Y me preguntaban mucho también por la actualidad.  Desde hace varios meses desde el gobierno, desde el Estado, se iniciaron una serie de acciones por la vía diplomática y la región ha acompañado muy fuertemente.  yo estoy muy de acuerdo con las políticas y creo que la vía diplomática es fundamental hoy obviamente, pero también creo que se están anudando dos cuestiones que son de dos palos distintos, no?  El reclamo por la explotación de los recursos naturales, el valor de Malvinas como espacio geopolítico estratégico y -es una cuestión de los estados naciones- y después los seres humanos. Las cuestiones que atañen a la identidad.  Y se anudan dos cuestiones en un mismo suceso que es el reclamo por la soberanía, que pertenecen a dos ámbitos distintos. y eso es lo que nos pasa a los seres humanos: nos quedamos atados a cuestiones vinculadas con los estados modernos, con los estados nación. Para mí la obra de teatro hoy, si yo tuviera que hacerla, es el kelper que de repente deja de tomar el five o clock tea y se hace argentino, no?  Porque para mí es complejo hoy de pensar, y entiendo en ese sentido los distintos discursos que se están articulando, porque se están anudando cuestiones que son de dos ámbitos distintos: lo humano y los estados nación. Es tremendo lo que pasó en guerra porque para los dos gobiernos, para Margaret Thatcher y para la dictadura, para Galtieri, la guerra cumplió la misma función en términos de su política interna, que fue legitimar un sistema que se estaba derrumbando.  En nuestro caso dolorosamente y absurdamente habilitó finalmente el derrumbe de la dictadura y en el caso de Gran Bretaña legitimó el gobierno de Margaret Thatcher, el horror neoliberal del que nosotros después tuvimos noticias.

L.R.: Sí, pensando también que ahora lo que se está viendo es que los delitos de lesa humanidad son de los jefes militares que estuvieron torturando a otros soldados, no?  La crueldad.

M.M.: La crueldad, en los relatos de los ex combatientes, es dolorosísima.  Es la crueldad del ser humano. Somos eso también.  Es tremendo, y creo que siempre es necesario leerlo en relación a la dictadura, al enorme desprecio por la vida humana que articuló todos esos años de la historia.

L.R.: Sí, lo que acompañó también, como decías antes, no fueron solamente los militares, fue un golpe cívico militar, fue una guerra cívica militar porque todos acompañaron.  También pensar lo que fue también hasta estos ciclos de televisión pensando en cómo juntar cosas para los combatientes,y se robaron todo

M.M.: Yo ayer miraba Canal 7, y pasaban  el programa ese del armado del fondo patriótico con Pinky, y esa serie de gente, y yo decía, “¿en qué cabeza cabe que eso iba a llegar a los soldados?, si esta gente hacía años que venía saqueando el país, las casas de los desaparecidos, quedándose con las bibliotecas, las joyas… saqueando.  Saqueando la vida privada, saqueando la vida pública.  Qué ceguera, ¿no? Qué falta de mirada dialéctica que a veces tenemos como sociedad, que nos montamos sobre cualquier discurso que nos convoca. Por otro lado,  algo que sucede con la guerra es cómo los pueblos nos enemistamos, ¿no?  Este odio visceral entre argentinos e ingleses, incluso con los chilenos, no?  Recordemos que Pinochet que era parte de la instrumentación del Plan Cóndor, se esperaba que se aliara a la dictadura de Galtieri para enfrentar la contienda pero se alió al gobierno de Margaret Thatcher.  Y entonces se ha generado a lo largo de todos estos años a partir de la guerra de Malvinas una enemistad enorme entre el pueblo argentino, el pueblo chileno y el pueblo inglés.  Y quedamos todos entrampados en cuestiones que no nos pertenecen.  Yo coincido con la postura del gobierno, en términos del reclamo de la explotación de los recursos naturales.  Son cuestiones que nos exceden a los seres humanos, no?  Estamos hablando de “explotación de recursos naturales”, y seres humanos por detrás que trabajan en pos de esa explotación.  Y es durísimo porque nos convertimos también nosotros en enemigos discursivos, entrampados en esta guerraTodos somos hablados por el discurso de nuestros estados nación.  Digo, así funcionan las identidades.

Y así funcionan en general los estados modernos, el capitalismo… Y es como algo que no tiene solución, que es ¿desde dónde miramos? ¿Qué tenemos que ver nosotros con las maniobras de neoliberales, qué tenemos que ver nosotros con las maniobras de los gobiernos, que nos instalan a todos en esa escena, y hasta dónde nos pertenece? ¿Cuánto hay de territorio actualmente argentino para pelear por sus recursos naturales, por su petróleo, no? Antes de las Malvinas… ¿cuánto hay, no?  Creo que también está bueno habilitarnos esa pregunta… ¿Qué pasa en el Chaco?  ¿Qué pasa en Formosa?  ¿Qué pasa en Jujuy?  ¿Qué pasa con la minería?  Territorios que son nuestros, que pertenecen a nuestra soberanía hoy.  Es complejo, no sé si tenemos respuestas.  Tenemos las preguntas.

L.R.: Tenemos preguntas todo el tiempo. Hablamos ya de Piedras dentro de la piedra pero está bueno pegar un recorrido por tu carrera, Mariana, porque hace rato estás con el teatro.  Encontraste en tu camino, varios maestros… Y me gustaría contar cómo es la formación de una dramaturga en la Argentina, y cómo es la situación del teatro actual.  Siempre hablamos de la música y lo difícil que es expresarse y encontrar lugares para tocar; pero me gustaría un poco recorrer tu camino.

M.M.: Sí, compartimos mucho de esa dificultad, y a su vez de esa energía  que hace que uno haga a pesar de que está todo hecho para que no lo hagamos.  Yo comencé mi formación en Timbre 4 -es mi escuela- y tuve la suerte de encontrarme con enormes maestros, entre ellos con Lautaro Perotti y Claudio Tolcachir, y con Mauricio Kartun en dramaturgia, y posteriormente con Ricardo Monti, con quien actualmente trabajo en espacio de taller, ya individual, mis textos.  Siempre es importante tener una interlocución a la hora de escribir, y encontré en Ricardo un ser excepcional junto con mis maestros, con Claudio y con Lautaro, que sigo estando siempre en contacto.  Interlocutores maravillosos y que te donan tan amorosamente su oficio.  Tuve la suerte de encontrarme siempre -tanto con Kartun como con Tolcachir, con Lautaro, con Monti- con maestros que han detenido su mirada en mí, que me han abierto las puertas de sus espacios con mucho amor y que sobre todo me han acompañado muy amorosamente en el hacer.

Es muy importante cuando uno se está formando el tipo de maestros que elige.  Más allá de una formación técnica hay algo que se pone en juego, que es la transmisión de un modo de entender el oficio; esto que nosotros hacemos, que es el teatro independiente, nos convoca desde un lugar muy vital.  No hay dinero en juego; de hecho uno invierte, invierte y seguramente no lo va a recuperar; y entonces si uno no está atravesado por esa necesidad profunda de hacer, y esa confianza, y alguien que te invita a arriesgar y que te muestra también cómo ellos han arriesgado todo lo que tenían para hacer lo suyo… Esa transmisión también me viene dada desde Timbre 4, que es una escuela que más allá de una formación más que interesante que propone, transmite un modo de entender el oficio, de darle, con mucho amor y con mucho trabajo, todo lo que uno tiene cada vez en sus proyectos.

Nosotros hacemos teatro independiente, ensayamos muchísimo; en nuestro caso en Piedras dentro de la piedra durante un año, a contrapelo del mundo; todos los actores tienen aparte sus trabajos que son los que les permiten vivir, entonces ensayamos trasnoche en espacios prestados.  En este sentido La Carpintería ha acompañado muchísimo el proyecto y también una gran amiga de  Piedras dentro de la piedra que es Mechi Carbonella, que tiene un jardín de infantes, que nos entregó su espacio para que pudiéramos ensayar ahí.  Y uno llega con el cansancio de todo el día a jugar, sabiendo que solamente tiene sentido porque tiene sentido para nosotros, porque organiza el sentido de nuestra vida. Si el mundo es un gran sinsentido, el teatro, por lo menos a mí, me ha permitido encontrarle un sentido en el despertarse cada mañana.  Y obviamente en ese camino los maestros son  muy importantes.  Yo tuve además el enorme placer de ser asistente de dirección de quien fue mi maestro, de Lautaro Perotti, que me convocó para ser su y a partir de ahí se fueron gestando un montón de proyectos.  Y es importantísimo que alguien te abra las puertas y te muestre el oficio.  Uno cuando estudia conoce una parte que es “cómo se actúa”; pero a su vez hacer teatro es encontrarse con un montón de dificultades en términos de producción, de cómo se gesta, de cómo se mueve el público.  Es muy difícil sostener una obra en términos de tiempo porque es muy difícil llenar las salas.  Y en ese sentido en el Teatro La Carpintería en el que estamos son enormemente generosos porque apuestan a los proyectos que programan y apuestan a sostener los trabajos más allá de los vaivenes que a veces suceden con el volumen de público.  Y yo tuve la suerte de trabajar muchos años como asistente de dirección en Timbre 4 haciendo dos funciones los viernes con una obra que se llamaba Porque todo sucedió en el baño y fue el encuentro con eso que no te enseña ninguna clase, que es cómo se hace para sostener, cómo se hace para encontrarse con el función a función, con el hecho vivo que implica el teatro, que es hacerlo cada vez y cómo se sostiene ese trabajo desde adentro.  Y en ese sentido también Claudio Tolcachir es muy generoso con todos sus alumnos; creo que el enorme director y el enorme dramaturgo que es, lo es porque es humanamente enorme.  Y Timbre 4 es un espacio en el que se le abren las puertas a todos los alumnos; uno está en Timbre y ve a la gente que se formó ahí que tiene ganas de hacer realmente, trabajando en obras, y son llamados para ser asistentes de dirección, invitados a cubrir distintos espacios en la producción.  Y es muy importante eso, porque es un modo de entender el oficio, un modo de hacer. Uno se expone mucho al mostrar su trabajo, se expone a las críticas, se expone a las miradas de los otros, que es duro, y a su vez es también el sentido del hacerlo. Es contradictorio.  Y Timbre es un espacio que nos ha enseñado a todos a hacerlo con mucha alegría.

Degrabación: Nadia Marchione
Foto: Diario La Nación.

AUDIO COMPLETO: http://cabezacabeza.tumblr.com/post/20389294738/i-just-uploaded-cabeza-20-020412-to?ref=nf

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