Fragmentos de Pichiciegos con los que trabajamos en los ensayos

 

Piedras dentro de la piedra es el resultado de un trabajo de investigación colectiva inspirada en Fragmentos de  Los Pichiciegos, de Fogwill.

No he escrito un libro sobre la guerra, sino sobre mí, y sobre la lengua de uno, que jamás escribirá sobre contra la guerra, contra la lluvia, los sismos y las tormentas, y siempre contra las maneras equivocadas de nombrar y de  convivir con nuestro destino”

FOGWILL. Prólogo a la última edición de Pichiciegos.


Estos son algunos fragmentos que tomamos como disparadores para desarrollar improvisaciones antes de la escritura del Texto.

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El miedo: el miedo no es igual. El miedo cambia. Hay miedos y miedos.

Una cosa es el miedo a algo -a una patrulla que te puede cruzar, a una bala perdida-, y otra distinta es el miedo de siempre, que está ahí, atrás de todo. Vas con ese miedo, natural, constante, repechando la cuesta, medio ahogado, sin aire, cargado de bidones y de bolsas y se aparece una patrulla, y encima del miedo que traés aparece otro miedo, un miedo fuerte pero chico, como un clavito que te entró en el medio de la lstimadura.

Hay dos miedos: el miedo a algo, y el miedo al miedo, ese que siempre llevás y que nunca vas a poder sacarte desde el momento en que empezó.

Despertarse con miedo y pensar que después vas a tener más miedo, es miedo doble: uno carga su miedo y espera que venga el otro, el del momento, para darse el gusto de sentir un alivio cuando ese mido chico -a un bombardeo, a una patrulla- pase, porque esos siempre pasan, y el otro miedo, no, nunca pasa, se queda.

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LOS HERIDOS NO SE GUARDAN

Si hay algo peor que la mierda de uno o de los otros, es el dolor. El dolor de los otros. Eso no lo aguantaba ningún Pichi.
Que no tendrían heridos se había decidido en tiempos del sargento. Sin médico, sin alguien que sepa medicina ahí abajo, era inútil guardar a los heridos. Escaliados, quemados, un poco enfermos de las muelas, se puede. Heridos, no. Herido es como ser muerto.

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Como oficiales, ese modo de hablar. Los tipos llegan a oficiales, y cambian la manera.
Son algunas palabras que cambian: quieren decir lo mismo, significan lo mismo, pero parecen más.
Como si el que las dice pensara más   o fuese más. Tiene que haber una guerra para darse cuenta de esto.

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La guerra tiene eso, te da tiempo, aprendés más, entendés más… Si entendés, te salvás. Sino, no volvés de la guerra. Yo no sé, con lo que aprendimos acá, ¿quién nos puede joder?

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“A los pichis les enseñaron una canción que se pasaba mucho por la radio:

My home is the ocean / My grave is the sea / And England shall ever /Be Lord of the sea

Era muy fácil de aprender a cantar pero escribirla, o entenderla, no cualquiera podía, por lo arrevesado de la fonética y de la manera de pensar de ellos; la traducción es más o menos que ellos siempre las tienen que ganar. Algo así. Hijos de puta.”

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