Pichis fuimos todos :: por Leticia Martin :: El Circuito de Teatro

Piedras dentro de la piedra
Pichis fuimos todos
por Leticia Martin

Rodolfo Enrique Fogwill (1941) escribió Los Pichiciegos durante la guerra de Malvinas. Nunca estuvo en el suelo insular, ni sabía cuál iba a ser el resultado de la guerra. Sin embargo y pese a ello, describió con una imaginación a prueba de Julio Verne cómo era el terreno, el frío, la supervivencia y los conflictos subterráneos de los soldados argentinos. Treinta años después Mariana Mazover (1979) hizo lo propio. Puso a seis actores a improvisar sus relaciones a partir del texto de Fogwill y montó Piedras dentro de la piedra, una versión libre de Los Pichiciegos para conmemorar los treinta años de la guerra.

¿Cómo surge la idea de hacer una obra sobre el libro de Fogwill?

Leí Los Pichiciegos hace más de diez años. La novela me fascinó, y la idea de trabajar en teatro ese material me quedó pegando vueltas. Cuando empecé a dirigir, me volvió a picar el bichito, y con la noticia de la muerte de Fogwill me decidí. Es difícil explicarlo, pero mientras leía las necrológicas buscaba compulsivamente sus poemas en la web. Comencé a imaginar las posibilidades, tiempos y formas. Volví a leer la novela desde la dramaturgia, descubrí algunos elementos que me permitían organizar el trabajo, la potencia sensorial de sus imágenes, y la exquisitez de la poética del lenguaje. Entonces me dije: tiene que ser una investigación colectiva, y convoqué a un elenco de actores con los que tenía ganas de trabajar.

¿De qué modo afrontaron ese trabajo?

Primero nos vimos en la obligación de hacernos algunas preguntas en relación a la Guerra. Trabajar con Los Pichiciegos implicaba eso. Con el correr del tiempo, y al volver a investigar aquella guerra demencial, creció mucho la necesidad de hablar de Malvinas. La escritura está siempre atravesada por la pregunta sobre “la voz”. ¿A quién se hace hablar? ¿Qué voces han sido o son expulsadas de la superficie discursiva de lo social? ¿Qué se puede hacer ingresar al campo de lo representable, y lo decible? En esa reflexión sobre la esencia poética de Los Pichiciegos y el redescubrimiento de la necesidad de hablar de Malvinas, nos peguntamos todo. Por los sobrevivientes, por los muertos, por el modo en que la guerra nos atraviesa incluso a los que no la vivimos desde adentro. Así nació Piedras dentro de la piedra.

¿Cuánto tiempo llevó montarla y estrenarla?

Para mí el trabajo comienza cuando se empieza a investigar, a acopiar imágenes, interrogantes, textos, anécdotas, información; y que en general eso es bastante tiempo antes de comenzar el trabajo con el elenco. Yo trabajé varios meses sola, leyendo mucho material, buscando fotos, aislando preguntas, despejando qué aspectos de la guerra me interesaba abordar, pese a que la guerra sea inabordable. En diciembre de 2010 convoqué al elenco y les di una pila de material para leer en el verano. Comenzamos a ensayar en marzo 2011. Durante dos meses trabajamos la construcción de los personajes y la configuración del universo. En mayo del año pasado me senté y escribir la obra. A fines de junio tenía una primera versión. Retomé con algunos ensayos para probar el texto, y en noviembre terminé de corregir. Los ensayos definitivos empezaron en febrero de este año. Nos juntamos todos los días, de lunes a viernes, y estrenamos en abril. Te diría que es más el material que descartamos que el que quedó en la obra. Pero así es esto.

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Los Pichiciegos es la historia de un grupo de soldados que desertaron y están tratando de sobrevivir en un pozo, debajo de la tierra, mientras arriba sucede la guerra. El mayor desafío de estos pichis es conseguir comida, agua, cigarrillos y polvos químicos para disecar las excreciones de su cuerpo. El relato se cuenta a través de la desgravación que un sobreviviente le hace escuchar a un escritor, en apariencia el mismo Fogwill. La guerra es tan secundaria en la novela como en la Argentina de 1982, es el último coletazo de una dictadura que ya no sabe qué hacer para permanecer en el poder.

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En el bar del Teatro La Carpintería donde se presenta Piedras dentro de la piedra Mariana Mazover me cuenta cómo trabajó la transposición del texto literario al texto dramático. “Mi objetivo no era producir una adaptación de la novela, de hecho existen distancias muy significativas entre una y otra. Lo que sí tomé fue el universo del soldado desertor, para interrogarlo desde nuestra sensibilidad. Yo tenía aislados algunos ejes temáticos como el honor, el miedo, y el discurso patriótico que nos los llevó a todos hasta ahí. Nunca intenté reproducir la moral o la lógica de los personajes de la novela, sino sólo descubrir cómo esos temas se desplegaban a partir del imaginario que cada actor desplegaba en torno a la temática de la guerra. Al mismo tiempo les pedí a los actores que aislaran ellos mismos los fragmentos que consideraran significativos. En ese cruce dialogamos con Los Pichiciegos. El texto final de la obra Piedras adentro de la piedra es de mi autoría; pero surge de los núcleos narrativos de Fogwill, y hasta tiene algunos monólogos que son reelaboraciones de fragmentos de Los Pichiciegos. En este sentido tengo que destacar la enorme generosidad de los herederos de Rodolfo Fogwill para con mi trabajo. Ellos me autorizaron el trabajo con la obra – los derechos – y en ningún momento objetaron algo. La verdad es que pudimos trabajar con absoluta libertad, y eso es maravilloso.”

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Piedras dentro de la piedra es también el subtexto de una guerra idiota, fallida y absurda. Sucede en el espacio imaginario de una especie de madriguera a la que se accede por un tobogán, y sólo si se conoce una contraseña. “Alta en el cielo”. Los problemas de la comunidad desertora son los mismos que los que tienen los personajes de Fogwill, pero el cambio más significativo que introduce Mazover, es la existencia de mujeres en la guerra. Olga y Mabel organizan los lazos sociales del grupo, que en algún momento los espectadores pueden leer como lazos familiares. Por supuesto prima entre ellos el instinto de supervivencia, pero es en función de la existencia de la mujer en el conflicto que se termina de conformar La comunidad. Cuando aparece Olga en la madriguera, posible amenaza para todos, Mabel se impone y consigue que se quede. “Juntos, dice Mabel, de acá nos vamos a ir todos juntos”. Con una valoración positiva para el género, la mujer interviene en el ámbito masculino de la guerra y suaviza los aspectos trágicos de una historia que todavía nos es difícil digerir. Nuestros soldados, en la obra de Mazover, comen cáscaras de naranja, mueren de frío, defecan en dos latas, negocian cigarrillos, se roban entre ellos, y son capaces de matar por defender su vida. Contar una historia como ésta, tan vigente, tan insensata e irresuelta, no hubiera sido posible sin el tono humorístico que en varios momentos aliviana las situaciones y propone las contradicciones más humanas. Hay que destacar las actuaciones de Laura Lértora, Hernán Lewkowicz y Alejandro Lifschitz que logran dejarse atravesar por la historia de sus personajes consiguiendo altos momentos de emoción.

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Una función con invitados especiales

Como contrapartida a los años de silenciamiento nacional, la obra propone un debate abierto al público, que se realiza una vez por mes, una vez finalizada la función. El viernes 15 de Junio el invitado especial fue Hugo Sánchez, ex, ex combatiente.

Hugo es escritor, y acaba de presentar el libro Brilla tú, borracho loco, [Editorial Garrincha Club] prologado por el poeta y narrador Pedro Mairal. Acompañado por sus inseparables amigos Nono, Pipo y Toni, también ex ex combatientes, respondió a las preguntas del público, e intercambió impresiones y posturas, además de explicar por qué se autodefinen así. “Sin las armas, el uniforme correspondiente y sin las condiciones apropiadas, no se puede decir que hayamos sido soldados”.

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Piedras dentro de la piedra
actúan: Alejandra Carpineti, Mariano Falcón, Laura Lértora, Hernán Lewkowicz, Alejandro Lifschitz, Sebastián Romero.
dramaturgia y dirección : Mariana Mazover
funciones : Viernes 23 hs. teatro: La Carpintería

LINK: http://elcircuitodeteatro.com.ar/critica.php

Retóricas sobre Malvinas: parodias, realismo e ideología :: REVISTA Ñ :: por IVANNA SOTO


Retóricas sobre Malvinas: parodias, realismo e ideología
A treinta años del fin de la guerra de Malvinas, seis obras ponen en escena la contienda bélica con textos propios y ajenos y diferentes estéticas y miradas. Un recorrido por las propuestas.

POR IVANNA SOTO

El género bélico no abunda en el teatro; sus despliegues escénicos suelen verse mejor representados en una pantalla de cine. Sin embargo, en correlato con los treinta años de la guerra de Malvinas, el teatro independiente porteño adaptó el género bélico a sus posibilidades para producir diversas imágenes: un montaje político sobre la guerra y sus consecuencias.

En Buenos Aires se puede ver media docena de obras ligadas al tema. Cuatro de ellas vuelven sobre la época, 1982: Piedras dentro de la piedra, Los tururú, Queen, Malvinas y ¡Hundan el Belgrano! –la única que lo hace desde el punto de vista inglés; mientras que 1982, obertura solemne e Islas de la memoria. Historias de guerra en la posguerra retoman lo acontecido desde una perspectiva actual. De este modo, Malvinas se reconstruye de múltiples formas: realista, imaginada o paródica. A través de enfoques más o menos críticos, las obras exhiben su mirada política sobre la contienda.

¿Una vuelta a la política?

Las efemérides siempre generan adscripción, pero esto que ocurre ahora no pasó en los ’90. Hay un cambio en el estado del arte del teatro y una progresiva toma explícita de posición respecto de los diversos acontecimientos políticos. “Volvió a aparecer la posibilidad de recuperar cierto discurso ideológico más fuerte en el teatro contemporáneo”, evalúa Federico Irazábal, quien junto a Ana Durán codirige la revista teatral Funámbulos. Para él, la política volvió a escena para constituir lo que denomina una dramaturgia antiposmoderna –en oposición a la que se dio durante el menemato.

Además, la tendencia está anclada en una coincidencia generacional. La mayoría de estos directores no supera los 40 años. “Tiene que ver con una cuestión: de repente tenemos la edad suficiente como para hablar sobre lo que vivimos de chicos con cierta madurez”, explica Claudia Marocchi, directora de ¡Hundan el Belgrano!, del inglés Steven Berkoff. “Hay que ver cuál es el rol que ocupa cada uno desde el teatro ante este tema. Tiene que ver con mi historia, con mi familia, mis familiares excombatientes”, agrega Diego Quiroz, director de Los tururú y codirector de 1982, obertura solemne.

Del lado de acá

En detrimento de la acción y el espectáculo del cine, no hay secuencias de combate y son las escenas intimistas las que ganan la partida. Piedras dentro de la piedra, de Mariana Mazover, y Los tururú, no sólo comparten la inspiración, ambas son versiones libres inspiradas en fragmentos de Los pichiciegos que imaginó con certeza el legendario Rodolfo Fogwill, sino también el enfoque temporal que sitúa los hechos durante la guerra de Malvinas. Fogwill escribió Los pichiciegos en 1982, cuando la guerra todavía no había terminado. Treinta años más tarde, ese movimiento es irrecuperable, porque se trabaja sobre algo que el espectador ya tiene en su capital. “Me interesaba simplemente contar esas vidas y tratar de encontrar una situación de cotidianeidad. Mostrar cómo esas situaciones que de afuera resultan tan tremendas, se naturalizan, y que en realidad la relación no es con la muerte, sino con la vida. La muerte se cuenta sola”, afirma Mazover.

Piedras dentro de la piedra no responde al registro historiográfico: con mujeres y niños cargando fusiles, Mazover interviene el universo con personajes femeninos y amor adolescente. Así, recrea las últimas horas de un grupo de desertores. “Me interesaba desmontar la noción de desertor. Acá, el desertor no es el traidor, sino aquel que no está dispuesto a participar de una masacre en nombre del honor”, explica Mazover, que se permite la ironía y el humor en situaciones no habituales, y así, funciona como contralenguaje para romper una estética de despojos. Donde el sentido común y el acervo de películas estadounidenses instauró tragedia y conciencia, Mazover pinta inocencia e inconciencia en un grupo de soldados que no tiene muy en claro por qué está donde está. “Partimos del lugar de que juegan a la guerra pero que el sustrato es que no tienen entrenamiento”, cuenta.

(…)

Teatro y política

“Lo político tiene que ver con poner en relación con la práctica artística el concepto de ideología de producción. Cada obra tiene una ideología de producción, un sistema desde el cual se produce y un sistema desde el cual se piensa”, asegura Federico Irazábal.

Hoy Cristina hablará ante el Comité de Descolonización de la ONU y ocho representantes de la población de las islas enviados a Nueva York para defender su autodeterminación. Pasaron treinta años, la herida sigue abierta y aún no se llegó a una resolución, aunque ya lejos del entusiasmo primero por lanzarse a combatir y el posterior ocultamiento del resultado, ya no se encubre la derrota, sino que se dibuja con lápiz grueso la sinrazón de cualquier guerra. Esto llega, claro, al teatro. “Tenemos cosas para decir y hacemos teatro. Hay gente que hace un movimiento popular, gente que hace TV, que hace música, nosotros teatro”, plantea Fiks. “Considero que es un aporte a la conciencia colectiva, porque para un reclamo por la soberanía, necesitamos revisar cómo es nuestra historia”, agrega Quiroz. “Para mí la dimensión del espectador y qué movimientos subjetivos le quiero provocar es parte de la reflexión dramatúrgica de la dirección. Teatro se hace para los otros y con un sentido de algo, que en mi caso no es entretener”, asegura Mazover.

Lejos de entretener, en cada una de estas obras, cada director expone su nueva lectura subjetiva y generacional sobre este hecho nefasto que marcará para siempre la historia argentina.

nota completa: http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/teatro/Guerra-Malvinas-Teatro_0_718728356.html

Gacetilla de prensa: Función especial a 30 años de la Rendición en MALVINAS

Piedras dentro de la Piedra
Versión libre sobre fragmentos de los Pichiciegos de Fogwill

FUNCION ESPECIAL + CHARLA DEBATE
15 de JUNIO :: a 30 años de la Rendición en Malvinas

A 30 años de la rendición de la Guerra de Malvinas, el próximo viernes 15 de junio a las 23 hs se realizará una función especial de la obra de teatro: “Piedras dentro de la piedra”, escrita y dirigida por Mariana Mazover. Al finalizar la función se realizará una charla-debate con el público presente, en el marco del ciclo ENCUENTROS con el PÚBLICO que todos los meses organiza la compañía teatral.

El eje temático de este mes será “Literatura y Malvinas: Narrar la guerra. Teatro, Novela, Poesía” y tendrá como invitado especial a Hugo Emilio Sánchez, conscripto clase 62 y poeta, autor del poemario “Brilla tù, borracho Loco”, elaborado por el autor luego de su visita a la Isla Soledad en 2009. Modera el Debate: la actriz y escritora Leticia Martin.
El encuentro tendrá lugar en el Teatro La Carpintería, Jean Jaures 858, Abasto.


Sobre la obra


1982. Confines del mundo. 6 personajes entrañables que llegaron a las Islas Malvinas desde todas partes del país desertaron del campo de batalla y se refugiaron en una cueva bajo tierra a esperar el fin de Guerra.
Llevan semanas. Tenían un plan perfecto. Pero una sucesión de errores tácticos en su estrategia de supervivencia pone en peligro el escondite y crece el riesgo de que sean descubiertos y fusilados por traición por el Ejército Argentino o tomados prisioneros por el Ejército Inglés.
Ahora, los dos bandos son sus enemigos. Y todos están afuera, peleando cada vez más cerca.

Es una guerra chiquita, en el corazón de la Guerra. Y es una guerra absurda, como toda guerra.

Palabras de la autora y directora

“Hay momentos en que la Historia, sus grandes causas, sus héroes,
pueden parecer irrisorios y cómicos (…) Desde todos los puntos de vista, político, jurídico, moral, el desertor se vuelve poco grato, condenable, emparentado con los cobardes y los traidores. La mirada del novelista lo ve de otro modo: el desertor es aquel que se niega a conceder un sentido a las luchas de sus contemporáneos. Que se niega a encontrar grandeza trágica en las masacres. Aquel a quien le repugna participar como bufón en la Comedia de la Historia“

Milan Kundera. El Telón.


Piedras dentro de la Piedra es una obra sobre la Guerra de Malvinas que no tiene vocación documental. Fruto de un trabajo de investigación colectiva sobre fragmentos de Los Pichiciegos, de Fogwill, es el resultado de nuestra indagación personal sobre la condición humana y su trastocamiento cuando el hombre es puesto en una situación límite: la de confrontarse a la posibilidad de su propia muerte. Nuestros pichis son otros pichis posibles, atravesados por la impronta de nuestro diálogo y nuestra reelaboración de algunos núcleos temáticos, narrativos y poéticos de Pichiciegos.

¿Cómo se lee la muerte desde adentro de la maquinaria de la muerte?, ¿cómo es el miedo cuando se instala en el cuerpo? , ¿cómo se lee la abstracción de la patria cuando en nombre de ella se es arrojado de cara a la muerte, sin entrenamiento militar y con fusiles que no funcionan?, ¿cómo se piensa a sí mismo un desertor cuando el Honor, retórica convocante de la Guerra, se ha perdido?, ¿cómo es ser soldado de una causa que  el Nosotros Inclusivo del lenguaje nos contiene pero que no nos pertenece?, ¿es el lenguaje una trampa tan mortal como la guerra?. Estos son sólo algunos de los interrogantes que atraviesan el material.

En el intento por descifrarlos, fue configurándose un imaginario distanciado del registro  historiográfico que, con notas de gran hilaridad, desmonta la crueldad y el absurdo de toda Guerra.


Sobre LOS PICHICIEGOS, de FOGWILL.   Por Mariana Mazover


Los Pichiciegos, 
es quizás la ficción más potente alguna vez escrita sobre la Guerra de Malvinas. Una comunidad imaginada de de soldados desertores que esperan en una madriguera bajo tierra el fin de la guerra para poder regresar al continente  luchan encarnizadamente por la supervivencia, al tiempo que exhiben el horror que el descuido planificado imprimió en los cuerpos de los conscriptos  que fueron enviados al campo de Batalla.

Con una fuerza narrativa arrolladora Fogwill revela así  la gran Paradoja de la Guerra. Al narrar la deserción de los conscriptos convocados por la arenga del dispositivo del discurso nacionalista y la retórica del Honor de la Gran Gesta Patriótica,  la novela muestra  cómo las causas unificadoras que sostienen la moral de los miembros de un Ejército en tiempos de Guerra quedan disueltas cuando la muerte  es lo que acecha.

Escrita sobre el final de la contienda y publicada por primera vez en 1983, la novela sorprende por la fuerza de su imaginario para anticiparse a esa verdad que mucho tiempo después de finalizada la guerra fue revelándose a partir de los testimonios de los sobrevivientes y fundamentalmente, por haber producido esa verdad a contrapelo del discurso dominante que auguraba la recuperación definitiva de las Islas.

Magistral de principio a fin, dolorosa, hilarante y profundamente nuestra, Los Pichiciegos es quizás la metáfora más fuerte que ha dado la literatura argentina no sólo para narrar lo absurdo de aquella guerra, sino también para interrogar con toda su fuerza poética  cada arista de la condición humana, esa que nos distancia y a su vez nos emparenta con ese animalito que vive bajo la tierra que se llama “el pichiciego”.

Sobre Mariana Mazover (Buenos Aires,  1979). Cursó la licenciatura en Ciencias de la comunicación en la Universidad de Buenos Aires. En dramaturgia se formó con Mauricio Kartun, Ricardo Monti y Lautaro Vilo.  Se formó como actriz en Timbre 4 con Claudio Tolcachir y Lautaro Perotti, en Improvisación Teatral con Víctor Malagrino y Bernardo Sabbioni, en Dramaturgia del actor con Andrea Garrote y en Dirección y Puesta en Escena con Juan Carlos Gené.

Entre 2008 y 2010 fue Asistente de Dirección de Lautaro Perotti en Porque todo sucedió en el Baño (Timbre 4) y actualmente es Asistente docente de Román Podolsky en sus seminarios intensivos de Investigación sobre la Dramaturgia del Actor (CELCIT y TIMBRE 4). También es asistente de Dirección la obra Para qué vamos a hablar de la Guerra, dirigida por Román Podolsky  (La Carpintería Teatro).

Es autora de las obras Gallitos Ciegos (2007); El Cerco de Agua (2009), estrenada bajo su dirección en Teatro La Carpintería (2010/2011), Oscura Tierra (2011), a estrenarse bajo la dirección de Leonardo Odierna; y Piedras dentro de la Piedra (2011), estrenada bajo su dirección en La Carpintería (2012).

Fundó y dirige la Escuela de Dramaturgia Rodante Saquen una Pluma, en cuyo marco dicta Talleres de Escritura Teatral y Dramaturgia del Actor desde 2009.

Actualmente trabaja sobre su próximo trabajo como dramaturga y directora “Tumbas cavadas en el agua”, inspirada en el epistolario amoroso “Tiempos del Corazón” entre los poetas Ingebord Bachmann y Paul Celan, a estrenarse en La Carpintería teatro en octubre 2012.


Ficha técnico-Artística:

Piedras dentro de la Piedra
Versión libre sobre fragmentos de los Pichiciegos de Fogwill  

Dramaturgia y dirección: Mariana Mazover
Actúan: Alejandra Carpineti, Mariano Falcón, Laura Lértora, Hernán Lewkowicz , Alejandro Lifschitz y Sebastián Romero
Asistente de dirección y producción: Natalia Slovediansky
Diseño de escenografía y vestuario: Cecilia Zuvialde
Diseño de Iluminación: Alfonsina Stivelman
Diseño de Maquillaje: Ana Pepe
Fotografía: Claudio Da Passano y Malena Figó
Producción Audiovisual: Pablo Bellochio
Música Original: Mariano Pirato
Prensa:  Marisol Cambre / prensa@marisolcambre.com.ar
Diseño Gráfico: Dalmiro.com

Funciones:
Viernes 23 hrs
Teatro La Carpintería
Jean Jaures 858 // Abasto
Entrada: $45.00 / Estudiantes y jubilados $30.00
Reservas: www.alternativateatral.com / http://www.lacarpinteriateatro.com.ar

Prensa: Marisol Cambre :: http://www.marisolcambre.com.ar/
Acreditaciones: prensa@marisolcambre.com.ar

Piedras dentro de la piedra / Por Lucho Bordegaray // Montaje Revista // Mayo 2012

Una cueva donde se oculta un puñado de desertores. El miedo, el dolor, el hambre, el frío, la soledad, los mandatos sociales, el enemigo y la sombra del fusilamiento por la traición cometida los ha confinado a ser meros sobrevivientes. Y ya sabemos que sobrevivir se opone a vivir tanto o más que morir. Con mínimos destellos de solidaridad, reproducen la opresión de la que han huido y despiertan mutuamente las peores pesadillas.

La Guerra sigue empezando junto a sus cuerpos, ahí mismo.

Partiendo de Los Pichiciegos, de Fogwill y con plena libertad y reflexión propia, Mariana Mazover convierte esta asfixiante cueva en una clara metáfora de la Argentina del ùltimo cuarto del siglo XX, de esa sociedad que se alivió el susto disciplinándose para lanzarse luego al zafio salvataje del propio pellejo. La salida, una que posibilite un camio para todas y todos, aún no se ha encontrado. Perdón, aún no la hemos encontrado”

LUCHO BORDEGARAY / MONTAJE

Fogwill en Teatro: Piedras dentro de la piedra: Excelente propuesta teatral para pensar los modos discursivos de la guerra. Por Verónica Escalante para Leedor.


 

Los Pichiciegos es la mejor novela que se escribió en Argentina en la década del 80´ y una de las mejores de la historia de nuestra literatura. Es una opinión, claro, pero la disparo sin temor a equivocarme porque sería difícil no reconocer en ese texto algo del orden de la genialidad, del don inefable de la palabra, de las bellas palabras. Y Fogwill escribía maravillosamente bien, tiraba siempre a matar, apuntara donde te apuntara (al corazón o a la cabeza). Los pichiciegos no escapa a esa lógica ni a la sombra mítica de su creador, que supo hacer de sí mismo su personaje más recordado y conocido.

Según contó, la novela empezó a gestarse el día en que escuchó a su madre gritar “Hundimos un barco”. Fogwill escribió “Hoy mamá hundió un barco” y en setenta y dos horas, de un tirón y con varios gramos de cocaína en el cuerpo, nació la primera ficción sobre la Guerra de Malvinas, cuando aún el conflicto bélico no había terminado y antes de que surgiera cualquier testimonio de los vencidos.

El manuscrito circuló, en principio, en forma clandestina y tuvieron que pasar muchos años para que se reconociera el valor real de la obra. No se trata de una novela pacifista escrita en contra de la guerra sino más bien en contra de las modalidades discursivas de la guerra, “contra la realidad que impone el mismo estilo hipócrita de realizar la guerra y la literatura”, decía Fogwill en el prólogo a la primera edición. En efecto, la obra hace evidente la paradoja de la guerra: En las Islas, atravesados por el frío y el miedo a morir, lo primero que se pierde es el sentimiento patriótico, ese ideal colectivo que sostuvo la dictadura macabra (y que, desgraciadamente, abaló gran parte del país) para intentar salvarse ella, mandando al muere a miles de ciudadanos, sin formación militar, sin armas, sin comida y sin abrigo.

Se trabaja la materialidad de la guerra, lejos de la mítica figura del héroe; se habla de la nieve espesa, jabonosa y marrón, que nada tiene que ver con la nieve blanca de las películas, del dolor del cuerpo, del miedo inenarrable. Dice Beatriz Sarlo en su relectura de Los Pichiciegos: “La guerra, como el Holocausto, se denuncia en los objetos manipulados por una tecnología sofisticada o transformados por las artesanías de la supervivencia” y claramente la obra trabaja esta última materialidad: Los “pichis” son desertores del Ejército Argentino que decidieron salvarse a toda costa. En esa lucha por la supervivencia pierden identidad para convertirse en cuerpos-objetos, donde la lógica imperante es la del intercambio: cigarrillos, yerba, azúcar, pilas, polvo químico, lo que sea necesario para sobrevivir. En la Pichicera (la cueva subterránea) se libra, entonces, otra guerra, una guerra mínima pero igualmente absurda.

Todavía me resulta imposible leer a Fogwill sin vincularlo con Roberto Arlt por todo lo que su literatura tiene de corrosiva y por ese deliberado propósito de desacralizar el oficio del escritor. Siempre me gustó la idea, casi romántica, de que Arlt tuvo que morir joven para que Fogwill pudiera escribir todo lo que escribió (Vivir afuera, Música japonesa, Pájaros de la cabeza, Muchacha Punk, La experiencia sensible, Partes del todo, Lo dado y tantos otros), para que pudiera andar trabando y destrabando cabezas, para que pudiera escribir chistes de chicle globo como Arlt , muchos años antes, inventó medias de mujer casi indestructibles. En otros sentidos y con otras implicancias, me da por pensar que Rodolfo Enrique tuvo que morirse para que el nuevo Teatro Argentino pudiera, por fin, hacerse eco de su obra.

30 años después de la guerra (que son también 30 años después de la escritura del libro), Mariana Mazover se pone al hombro una textualidad compleja para llevar a escena en una versión  teatral inspiradas en fragmentos de Los PichiciegosPiedras dentro de la Piedra,  el resultado de arduas investigaciones, relecturas, intervenciones textuales, ensayos y, también, de la recuperación de la propia visión sobre la guerra, de su propio modo de leerla y de reflexionar sobre ella.

En Piedras dentro de la piedra se dialoga con Partes de Guerra (de Graciela Speranza y Fernando Cittadini), que hilvana reportajes a veteranos de guerra y combina literatura con testimonios, pero también se percibe la presencia de otras voces, como la de Samuel Beckett. Es probable que esa intertextualidad permita darle un poco más de entidad dramática a los personajes, un dejo mayor de subjetividad de la que carecen casi por completo los personajes de Fogwill que son pura materialidad práctica, en pos de la supervivencia. Uno de los personajes de Mazover se pregunta, con Beckett, si dios los podrá ver aunque estén ahí abajo.

Dentro de  pichicera, la obra recrea el espacio de opresión, el miedo que ahoga, que hiela los huesos, tanto o más que el frío, y la incertidumbre de no saber, de ser sólo presente, sin futuro o con un futuro incierto. Desde la escenografía, Piedras dentro de la piedra logra tramar, desde adentro de la cueva, ese estado de tensión y alerta constante, de duda sobre el afuera que resulta siempre un enemigo.  Un trabajo con el absurdo, muestra a soldados que se empeñan en vivir en estado de guerra, en imponer relaciones de poder aunque no saben cómo hacerlo, lo único que evidencian es la suspensión total de los valores porque no pueden hacer otra cosa. Cuentan lo que puede hacer, lo que hace la guerra con la subjetividad: se despersonaliza a los hombres. La condición humana se ve trastocada por la miseria más espantosa.

En Piedras dentro de la piedra también aparecen tratados algunos evidentes momentos de la novela aunque lo que se destaca es la intervención y la combinación de esos momentos con otros materiales y con otros interrogantes posibles. Se incorporan mujeres a la escena (una acertada licencia de la verdad historiográfica) para preguntarse y hablar, según palabras de la autora, sobre la imposibilidad del amor en tiempos de guerra. También encontramos la figura de un civil (como metáfora de patriotismo que no se atrevió a cuestionar nada) que termina huyendo porque la guerra también aniquila su deseo. Tiene anclaje en la cuestión del honor porque los personajes tomarán, hacia el final, una posición sobre él (algo impensable en Fogwill).

Hay algo de la condición humana, incluso de la solidaridad, que prevalece, que subsiste. La única naranja se comparte como signo de una frágil e inusitada fraternidad, destello de amor en la guerra (y referencia, pensada o no, que recuerda la escena del libro cuando el único sobreviviente Pichi lo encuentra a Pipo entre un detalle inexplicable: una naranja fresca y recién pelada).

La obra es una hermosa conjunción de factores, buenos actores, buena dirección y un exquisito trabajo con las palabras.  Estos son otros pichis posibles, otros seres sin identidad, sin futuro, carnes de cañón. Esta es la verdad sobre la guerra que nos propuso Fogwill y que nos propone también Mazover.

. “No he escrito un libro sobre la guerra sino sobre mí, y sobre la lengua de uno, que jamás escribirá contra la guerra, contra la lluvia, los sismos, las tormentas, y siempre contra las maneras equivocadas de convivir con nuestro destino” decía Fogwill en el prólogo a la última edición de la novela, y creo que estas nuevas lecturas de su obra nos proponen cuestionar nuestra relación con el lenguaje, con los falsos y fascistas discursos patrióticos y con el pasado, para preguntarnos cómo ese pasado actúa y repercute en el presente y de qué modo nos vemos modificados o interpelados por él. Cada cual tiene sus guerras y sus trincheras posibles, sus formas de resistirse al pensamiento único, a lo impuesto desde cualquier forma de poder (sea lingüística, política o económica). Y el teatro es también resistencia.

Es una alegría enorme que jóvenes dramaturgos argentinos hablen, lean, transiten la literatura de Fogwill. Es una alegría también que   Piedras dentro de la piedra forme parte de la cartelera porteña y que en nuestro país se pueda hoy debatir la historia y sus excesos en cualquier ámbito y desde cualquier perspectiva elegida.

Excelente propuesta teatral para pensar los modos discursivos de la guerra y para (¿Por qué no?) acercarnos a la hermosa forma de narrar que nos regaló el loco Fogwill.

FUENTE: http://www.leedor.com/

Puesta en Escena: Críticas | Piedras dentro de la Piedra, ecos de Los Pichiciegos que se agigantan / Por Teresa Gatto


http://www.puestaenescena.com.ar/teatro/1318_piedras-dentro-de-la-piedra-ecos-de-los-pichiciegos-que-se-agigantan.php

Críticas |  Piedras dentro de la Piedra, ecos de Los Pichiciegos que se agigantan

La obra de Mariana Mazover es una adaptación de la novela de Rodolfo Fogwill pero es además un ejercicio de lucidez dramatúrgica y puesta en escena.
por Teresa Gatto

“Porque cuando se escucha un cuento conocido y se sabe el final, igual divierte la variación de la manera de contarlo, o la manera misma de contarlo”  R. Fogwill

Hace más de un año comenzaron los ensayos de Piedras dentro de la Piedra. Mariana Mazover, su dramaturga y directora, dio cuenta en esta misma publicación del proceso creador de la misma evidenciando la necesidad imperiosa de crear colectivamente un universo ficcional propio porque cuando se respeta mucho a quién se va a adaptar la tarea se vuelve ciclópea o imposible, al menos en términos de libertad creadora. Una idea, un texto, en este caso el hipotexto Los Pichiegos con Fogwill recientemente desaparecido era mucho, pero la guerra, es mucho más. La guerra es esa experiencia que deja al sujeto protagonista sin habla, porque como bien señaló Walter Benjamin, lo inefable no encuentra narrador. Y si lo encuentra, el/los sujetos de la enunciación deben, necesariamente tomar atajos, entrar por las fisuras porque lo indecible no se deja atrapar.

Piedras dentro de la piedra, rinde tributo a la novela de Fogwill pero también, es cierto, irreverente y libre se desplaza por el cuento y los sucesos en un esquema de representación que le otorga una nueva vitalidad a su fuente literaria y la reviste de nuevos significados toda vez que los efectos de representación teatral sostienen otra dinámica que no es la de la lectura.

Así, la provisión de sentido navega tan autárquica como en la literatura pero juega el juego de la repetición/variación no sólo sobre Los Pichiciegos sino también sobre los sentidos de una guerra tan desgarradora como fue la de Malvinas.

Última contienda bélica narrada/mentida en forma de crónica, Malvinas sigue significando muchas heridas abiertas en estos lares porque su contexto histórico aún no cicatriza y porque todo lo que se trata de invisibilizar se agiganta porque fermenta hasta estallar y redimensionarse. La obra de Mazover cuenta una guerra pequeña dentro de la gran guerra. En una cueva un puñado de soldados y suboficiales encuentran el refugio que los cobije para desertar.

Saben que en manos de las filas enemigas su vida puede ser tortuosa, saben que en manos de sus jefes, su vida no vale nada. Pero sobrevivir dentro de la cueva es una complicada maquinaria de táctica y estrategia que no todos pueden sostener. Porque la cueva replica, idéntica al campo de batalla, el desconcierto, el miedo y la lucha por la subsistencia. En ella, hay quienes mandan, quienes obedecen, quienes leen, quienes comprenden y quienes sólo pueden acatar. El polvo químico con que secar las heces puede ser un asunto de Estado, una barra de chocolate motivo de disputa, un cigarrillo puede valer una fortuna y la vida nada.

Mazover que reitera el motivo de Fogwill, se la juega en la variación incorporando al sujeto femenino dentro de la escena. Sujeto que no participó en la contienda real ni en la ficcional pero que adiciona el deseo y también la posibilidad del matiz dentro del mismo género. Ambas mujeres, Olga en la piel de un gran trabajo de Alejandra Carpineti y Mabel, encarada por una orgánica y eficaz Laura Lértora, capaz de todos los matices que su género puede exhibir en semejante situación, tensan la cuerda de lo femenino en guerra. ¿Cuándo lo femenino no estuvo en pié de guerra? Pero metidas en la cueva, los distintos avatares les permiten sacar a relucir, eso que las mujeres conocemos tan bien y que Fogwill pone en boca de sus personajes “el miedo al miedo”. Así, Olga tiene miedo liso y llano y Mabel, le tiene miedo al miedo y sustenta el rol de la muñeca brava porque ya no hay nada de qué sostenerse. Porque le respiró a su amor al compás hasta que éste, exánime, pareció dejar de latir.

Los actores conforman también una polifonía notable, en que la mano de la dirección ejerce bien su trabajo. Mariano Falcón, Enrique, tipifica la inocencia y la ignorancia con la que todos los reclutados fueron a las Islas. Sus inflexiones alcanzan momentos de gran lucimiento junto al angelado trabajo de Hernán Lewkowicz, Oscar, el pelirrojito que cree que puede hacerse pasar por inglés o alemán, porque lo que está en juego es negar la deserción o no ser argentino. Si durante la dictadura la guerra fue un dolor más, las demostraciones de poder lo han hecho más vergonzante desde dentro de las demenciales fuerzas armadas hacia afuera de la cueva, de la isla y del continente. Alejandro Lifschitz, en el rol de Gandini, mantiene muy bien, mientras los sucesos lo hacen posible, un don de mando junto a Mabel que cederá conforme los hechos se precipiten. Marcelino, el dado por muerto, el reaparecido, en el cuerpo de Sebastián Romero, deja en evidencia que el enemigo está en todas partes y no necesariamente es anglo.

El diseño de iluminación y el signo sonoro colaboran para marcar tránsitos y derroteros subjetivos y externos en esa pequeña cueva donde se libra una batalla tal vez más cruel que la de afuera, la batalla de los que están en el mismo bando.

La gacetilla y el programa llevan como epígrafe un fragmento de Rodolfo Walsh “Tampoco me olvido que pegado a la persiana oí morir a un conscripto en la calle. Y ese hombre al morir no dijo: viva la patria. Dijo: no me dejen solo, hijos de puta”. Los soldados que fueron a las islas estuvieron solos y los que regresaron fueron invisibilizados por la misma dictadura que sólo pudo matar, robar y mutilar cuerpos y niños pero que ha perdido todas las batallas. A 30 años de esa horrorosa y vergonzante porción de sus desatinos, hay una generación que retoma las banderas desde muchos ámbitos y desde el arte, señala, acusa y hasta puede mechar trozos de hilaridad absurda pero siempre desde el lugar de la reivindicación y legitimidad de aquellos jóvenes de ayer que hoy podrían ser sus padres.

Una puesta teatral no es sólo una ficcionalización, es, además, como en este caso, la muestra de cómo ciertos materiales siguen circulando en forma de tópico, motivo u homenaje y son permanentemente puestos en discusión para que la letra siga haciendo su trabajo directo o transversal sobre una conciencia colectiva que cada vez puede agacharle menos el rostro a muchos héroes.

Doble homenaje, al gran Rodolfo Fogwill y a los soldados de Malvinas que ojalá hubieran encontrado una “pichicera” para esperar que escampe completamente porque no es héroe el que triunfa sino el que muere por una causa en la que cree aunque sea el único creyente o el que sobrevive para narrar, como sea, una barbaridad semejante.
Ficha Artística/Técnica:

Actúan: Alejandra Carpineti, Mariano Falcón, Laura Lértora, Hernán Lewkowicz, Alejandro Lifschitz, Sebastián Romero
Diseño de maquillaje: Ana Pepe
Diseño de vestuario y escenografía: Cecilia Zuvialde
Diseño de luces: Alfonsina Stivelman
Realización escenográfica: Vìctor Salvatore
Audiovisuales: Pablo Bellocchio
Música original: Mariano Pirato
Fotografía: Claudio Da Passano, Malena Figo
Diseño gráfico: Dalmiro Zantleifer Ojeda
Asistencia de escenario: Pablo Correa
Asistencia de escenografía y vestuario: Agustina Filipini, Emmanuel Parga
Prensa: Ezequiel Hara Duck
Asistencia de dirección y producción ejecutiva: Natalia Slovediansky
Dramaturgia y dirección: Mariana Mazover

http://www.piedrasdentrodelapiedra.wordpress.com

Funciones: Viernes a las 23:00 hasta el 29/06/2012
Duración: 60′
Localidades: $45,- y $35,-

La Carpintería
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Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Teléfonos: 4961-5092
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